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«Manila nos refleja valores que fueron de Barcelona» por Josep Maria Suris

«Manila nos refleja valores que fueron de Barcelona» por Josep Maria Suris

Josep Maria Suris

Experto en Internacionalización y Logística. Acompaña y representa empresas en Filipinas y Sudeste Asiático

¿Qué crees que Barcelona podría aprender de una ciudad como Manila?  

Los filipinos son trabajadores dedicados y comprometidos. Viven el trabajo de manera positiva, como parte natural de la vida

Entro en el café Comptal, situado en la Rambla de Catalunya con la Gran Vía de Barcelona, antes de ir al Consulado de Filipinas que está ubicado en la esquina de enfrente. Los camareros son filipinos, saludan alegremente y atienden a todo el que entra. Es el primer día de una de las camareras, pero la compañera más veterana le va explicando que es lo que tiene que hacer. Todo con complicidad y servicio hacia los clientes. Ya conocemos esta disposición de los filipinos a cumplir con las tareas encomendadas y hacerlo siempre con una sonrisa. Es un rasgo cultural en Manila, también ocurre así en perfiles técnicos o administrativos.

Manila es una ciudad de rascacielos rodeados de casas bajas y entre ellos, a través de los malls, fluyen ríos de trabajadores. Se trata de una nueva clase media con acceso al crédito bancario o el ocio vespertino, en definitiva, al consumo. En este entorno, la oportunidad de prosperar dispara la voluntad de trabajar. Ese trabajo es el medio para prosperar, pero también es un tiempo de aportar, de compartir, de disfrutar. Entenderlo de esta manera es vivir el trabajo y la vida entera en positivo.

En un país con este talante de vivir el trabajo como un regalo en lugar de como un castigo, y que recibe 700.000 nuevos graduados al año, es un país donde prosperan las ideas… y la alegría.

¿Cómo podemos volver a valores como la iniciativa y el trabajo tan característicos de Barcelona?

El valor en positivo del trabajo impulsa el crecimiento, como ahora vemos en Manila y recordamos que pasó en Barcelona 

Barcelona tiene un equilibrio ideal entre el mar y la montaña, el trabajo y el ocio, la innovación y la experiencia. Por eso tantos la eligen para trabajar y vivir. Sin embargo, quienes la vivimos en los años 90 sentimos ahora cierto desencanto, ligado a esta falta de positividad en el trabajo.

Ahora se buscan atajos para trabajar menos, cuando la libertad llega de la mano del trabajo. Se busca la alegría solo en el ocio, olvidando encontrarla también en el propio desempeño. Se reclama a culpables externos, cuando nunca hay más respuesta que la propia interna.

Hay países que se centran en ensalzar su pasado glorioso. Nosotros somos más de mirar hacia adelante y de centrarnos en volver a ser lo que fuimos. Pero, para ello necesitamos revisar nuestros valores y volver a aquellos que en su día nos hicieron brillar.

El trabajo y la iniciativa son claramente valores muy nuestros. También lo pueden ser la autocomplacencia y la justificación. La historia nos muestra cómo nos ha ido en los periodos en los que hemos potenciado unos u otros de estos valores.

Manila se ofrece para trabajar con Barcelona, aquí tenemos jóvenes preparados y con ganas de hacerlo. Tender puentes está en nuestra esencia y si trabajamos juntos, sin duda su inercia ayudará a recuperar la nuestra.

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La Vanguardia

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