«Odense ofrece oportunidades al talento; también motivos para quedarse» por Natalia Berengué
Natalia Berengué
Ingeniera de Investigación y Desarrollo en Biogasclean en Odense
¿Qué podemos aprender de Odense?
Una de las cosas que más me ha sorprendido desde que vivo en Odense es descubrir que muchas de las dinámicas que funcionan bien en Dinamarca tienen una misma base: la confianza. Esta confianza se refleja especialmente en la forma de entender el trabajo y en la relación entre la vida profesional y la personal.
El modelo danés parte de la idea de que las personas pueden aportar más cuando tienen un entorno que les da autonomía y les permite asumir responsabilidades. En el ámbito laboral, esto se traduce en una cultura menos centrada en el control y más enfocada en los resultados, donde la flexibilidad y la conciliación desempeñan un papel fundamental. La conciliación no se entiende como beneficio secundario, sino como condición necesaria para mantener una sociedad sostenible y atractiva. Permite que las personas desarrollen su trayectoria profesional sin tener que renunciar a su tiempo personal, lo que contribuye a mejorar el bienestar y, al mismo tiempo, la capacidad de las organizaciones para retener talento.
Esta forma de entender la vida cotidiana también se percibe fuera del trabajo, en una sociedad que facilita que las personas tengan tiempo para sí mismas y para su entorno. Desde mi experiencia en Odense, he podido ver cómo esa confianza y ese equilibrio ayudan a crear un lugar donde las personas no sólo quieren trabajar, sino también construir su futuro.
¿Qué puede importar Barcelona del modelo danés para retener talento?
Uno de los ámbitos que podrían trasladarse a Barcelona es en la forma de entender el trabajo. Continuar evolucionando hacia una cultura laboral más orientada a resultados. No se trata de trabajar menos, sino de crear las condiciones para que el tiempo invertido genere mayor valor. Otro reto es garantizar que los habitantes de la ciudad tengan la posibilidad de permanecer allí.
El acceso a la vivienda es uno de los principales obstáculos, especialmente para jóvenes profesionales, estudiantes e investigadores. Ampliar la oferta de alquiler asequible y explorar nuevas formas de colaboración entre el sector público y privado serían importantes pasos para reforzar la capacidad de Barcelona de retener talento.
Al mismo tiempo, la competitividad de una ciudad también se construye en el día a día. La calidad de los espacios públicos, la movilidad, la presencia de zonas verdes y la vida de barrio influyen cada vez más en la decisión de las personas cuando eligen dónde quieren vivir.
La principal lección que me llevo de Odense es que la competitividad de una ciudad no depende únicamente de su capacidad para crear oportunidades, sino también de su capacidad para crear las condiciones para que las personas quieran quedarse. En un mundo en el que las ciudades compiten por el talento, ofrecer un entorno donde sea posible crecer profesional y personalmente puede convertirse en una de sus principales ventajas.
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