«Vivimos un momento de gran madurez científica, tenemos talento, centros e infraestructuras excelentes» por Caterina Biscari
Caterina Biscari habla en esta entrevista con In Barcelona de ciencia, pero sobre todo de las personas que la hacen posible. Por eso, siente la Medalla d’Or de la Generalitat como un reconocimiento compartido con quienes han acompañado su trayectoria. Al cerrar su etapa al frente del Sincrotró ALBA, recuerda la importancia de arriesgarse, colaborar y no tener miedo a los grandes retos. Y reivindica que el talento necesita oportunidades para crecer y un lugar donde construir una vida. Una conversación en la que Biscari comparte su mirada sobre el futuro científico de Barcelona y Catalunya y las barreras que todavía afrontan las mujeres. Lo hace con la convicción que ha guiado su liderazgo: soñar en grande, pero con los pies en la tierra.
Recibir la Medalla d’Or ha sido un honor enorme y una gran emoción. La siento por una parte como un reconocimiento personal, pero sobre todo como un reconocimiento a todas las personas con las que he trabajado y a una ciencia que se construye colectivamente. Creo que Catalunya vive un momento de gran madurez científica: tenemos talento, centros e infraestructuras excelentes. Nos quedan muchos retos por delante, pero la base es sólida y está preparada para afrontarlos.
Barcelona tiene ingredientes extraordinarios: universidades y centros de investigación excelentes, grandes infraestructuras, un ecosistema científico muy dinámico y una calidad de vida que ayuda a atraer talento. Pero atraer no basta: hay que poder retener, ofreciendo carreras competitivas, estabilidad, condiciones adecuadas y menos barreras administrativas. El talento internacional elige lugares donde puede desarrollar un proyecto de vida, no solamente un proyecto científico. El tema pendiente es el de mejorar las condiciones laborales y la posibilidad de carreras profesionales de los trabajadores, donde incluyo a todo el equipo, no solo a los científicos.
Una gran infraestructura científica nunca es solamente una máquina para hacer ciencia. Genera conocimiento, forma profesionales altamente cualificados, atrae talento e inversión y obliga a las empresas proveedoras a desarrollar tecnologías en la frontera de lo posible. ALBA demuestra que invertir en ciencia avanzada genera también capacidades industriales y competitividad. De hecho, nuestros instrumentos son utilizados por numerosas industrias, nuestros científicos colaboran en proyectos público-privados, y el impacto de nuestras publicaciones va mucho más allá del evidente impacto académico y se refleja en miles de patentes que las citan.
Hemos avanzado mucho, pero hay todavía margen de crecimiento. Alrededor de un 40% de las empresas que nos utilizan tienen su sede en Catalunya, por lo tanto la proximidad es una ventaja evidente para el tejido industrial catalán. Sectores como el farmacéutico, los materiales, la energía, los semiconductores o la química se benefician directamente de las capacidades científicas y tecnológicas muy avanzadas. Trabajamos para que ciencia y empresa se conozcan mejor y, sobre todo, para crear más espacios y mecanismos que permitan asumir riesgos y desarrollar proyectos conjuntamente, en colaboración con las administraciones de Catalunya y de España.
Tenemos que hacer más permeable la frontera entre investigación e innovación. Eso significa facilitar la movilidad de personas entre universidad, centros y empresa; disponer de financiación para las fases más arriesgadas de transferencia; y reconocer que innovar también implica aceptar el fracaso. No se trata de pedir a cada científico que cree una empresa, sino de construir un ecosistema capaz de detectar una buena idea y acompañarla hasta que pueda generar valor para la sociedad.
ALBA II es la mayor oportunidad científica de ALBA desde su construcción. Nos permitirá estudiar la materia con una resolución, coherencia y sensibilidad hoy inalcanzables y contestar a preguntas que aun no sabemos si quiera formular en todos los ámbitos en los que aportamos capacidades, que van de la salud y los nuevos materiales a la energía o las tecnologías cuánticas. Pero su impacto va más allá de ALBA: ayuda a consolidar Barcelona y Catalunya como uno de los grandes polos científicos y tecnológicos del sur de Europa durante las próximas décadas.
La situación ha cambiado muchísimo desde que empecé mi carrera, pero todavía vemos cómo la presencia de mujeres disminuye a medida que ascendemos hacia puestos de mayor responsabilidad. Muchas barreras ya no son explícitas: están en los sesgos, en las expectativas, en los modelos de liderazgo o en la dificultad de conciliar determinadas etapas profesionales y personales. Necesitamos igualdad de oportunidades real, pero también referentes: hay que poder imaginarse en una posición para aspirar a ocuparla. Y necesitamos seguir avanzando en la igualdad de género en todos los sentidos, sin retroceder a posiciones del pasado.
De mi liderazgo espero que quede el mensaje de no tener nunca miedo, de arriesgarse, de afrontar retos que inicialmente parecen imposibles, de soñar en grande pero con los pies en la tierra, y de continuar desarrollando colaboraciones en todos los niveles, para que ALBA siga siendo el instrumento de todos. ALBA II es, en ese sentido, una apuesta por el futuro que trasciende cualquier dirección individual. Para Barcelona y Catalunya desearía la misma ambición: no conformarnos con ser buenos, sino atrevernos a competir entre los mejores lugares del mundo para hacer ciencia, innovar y formar a las próximas generaciones.





