«El verdadero petróleo de Dubái» por Alejandro Ubach
Alejandro Ubach
Country Manager de Fever. Lidera las experiencias de Fever Originals en Oriente Medio, Norte de África y Turquía
¿Cómo ha construido Dubái una cultura donde las ideas se hacen realidad?
Las ciudades que ejecutan rápido atraen oportunidades antes que aquellas que solo las debaten.
Lo que más me ha impresionado de Dubái desde que vivo aquí no son sus rascacielos ni sus grandes proyectos, sino la velocidad con la que una idea puede convertirse en realidad. Es una ciudad que ha desarrollado una cultura de ejecución excepcional. Cuando una iniciativa tiene sentido económico y genera valor para la ciudad, la conversación suele centrarse en cómo hacerla posible, no en por qué no debería hacerse. Esta mentalidad atrae talento de todo el mundo. En mi día a día trabajo con profesionales de decenas de nacionalidades distintas que han elegido Dubái porque perciben que aquí pueden desarrollar proyectos con menos fricción y mayor rapidez. La administración, las empresas y los emprendedores comparten una visión común: competir globalmente por atraer inversión, talento y nuevas oportunidades. Dubái también destaca por su pragmatismo. Es una ciudad joven, sin miedo a experimentar y con una gran capacidad para adaptar sus procesos cuando detecta nuevas necesidades. Esa combinación de ambición, apertura internacional y orientación a la ejecución ha permitido transformar en pocas décadas un pequeño puerto comercial en uno de los principales centros económicos y culturales del mundo.
¿Cómo puede Barcelona reforzar su competitividad?
La ciudad ha de recuperar la ambición de pensar en grande y la capacidad de actuar con mayor rapidez.
Barcelona no necesita parecerse a Dubái. Su historia, identidad y modelo urbano son distintos y constituyen parte de su atractivo. Sin embargo, sí podría incorporar parte de esa cultura de ejecución y ambición compartida. Como barcelonés, creo que pocas ciudades reúnen tantos ingredientes para competir globalmente como Barcelona: talento, creatividad, calidad de vida y una marca reconocida en el mundo. Por eso es frustrante ver cómo algunas oportunidades tardan años en materializarse mientras otras ciudades avanzan con mayor rapidez. El reto no es generar nuevas ideas, sino convertirlas en proyectos tangibles con mayor agilidad. Barcelona podría beneficiarse de una mayor alineación entre el sector público y el privado alrededor de una visión compartida de crecimiento. Las ciudades que compiten globalmente saben que atraer talento, inversión y actividad económica no es incompatible con preservar la identidad local; al contrario, es una forma de fortalecerla. Dubái demuestra que la velocidad de ejecución es una ventaja competitiva. Barcelona lo tiene todo para seguir siendo una de las ciudades más admiradas. Quizás el siguiente paso sea recuperar la confianza para pensar en grande y actuar con mayor rapidez.
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